Monday, December 25, 2006

Orquidea Fantasma

Un pájaro ciego cae a la berma
y con su caída la noche se deshace en tiras de cielo púrpura.
Sus alas marchitas descansan sobre mis dedos.
Son las últimas horas
y respira sobre agua de azúcar
La pesadilla recorre sus costados.
Sólo espera ser recogido por ojos
de estruendo y tempestad.
As.

(fotografió o intentó hacerlo con el proposito (des) de capturar a una orquidea en su agonía, (As). El motivo: fue una fatal pérdida en la avenida javier prado, quizá alguien se quedó sin flor)





Prisión

La


soledad


es


de las cruces













Tuesday, December 19, 2006

Plumas

(dibujó o intentó dibujar ciertas fabulaciones: Alberto Schroth)


Saturday, December 16, 2006

Crónica roja


Holocausto del periodismo mexicano

No haga muchas preguntas


Los Zetas, sicarios del cártel de la droga, disfrutan mucho asesinando a los periodistas: un barrido de disparos a quemarropa acaba con el lado más contestatario de cualquiera. Todo es parte de una estrategia para arreglar la agenda mediática de sus patrones, a quienes no les gusta tener a alguien detrás: detestan a los colegas curiosos y valentones como Ramón Hurtado, el periodista mexicano que trabaja por más de 20 años cubriendo desde la frontera.

I
..oOo..

Lo primero que le aconseja un veterano al reportero, que acaba de ser ungido con la sacra misión de informar sobre el movimiento del narcotráfico en los pueblos de frontera, es callarse las preguntas: hay que darles sepultura maxilar. Pero los potenciales mártires no le hacen caso hasta que llegan las amenazas, las primeras torturas o la muerte. En la lista de los insolentes hay trece en los últimos diez años y todos los corresponsales integran el listado negro, muchos seden al soborno mientras algunos recios viven en paranoia. A Lima, llegó uno de los marcados: Ramón Hurtado, que resulta doblemente marcado por ser mexicano fronterizo y corresponsal para medios estado unidenses. El y su esposa comparten el oficio de la corresponsalía y asisten como panelistas invitados a un seminario de periodismo de investigación.


II
El Testimonio de un perseguido

Los esposos se presentan como colegas, el ritmo del periodista de frontera parece enfriar el temple y las sábanas. Ambos son corresponsales para un medio neoyorquino. Es la última ponencia de la tarde y ante la audiencia autista, el mexicano confiesa lo difícil que es la vida en la frontera, incluso para los no periodistas: él vivo ese infierno cuando era un niño.

He vivido en California y en Texas… pero nací en la frontera, soy un fronterizo (lo dice entre risas, para hacer la tarde ligera, pero luego se pone serio y su voz decae), El narcotráfico es un tema al que siempre le han dado vuelta, aunque no seas periodista. Mi padre tenía un restaurante en el paso que se llamaba Preni´s café, donde un día nos dicen que había alguien que quería invertir un dinero para hacerlo más grande y todo. Pero al poco tiempo llegaron tristes y yo les pregunté qué había pasado. Ellos me contaron que el señor que les había hecho la oferta les había ofrecido 60 mil dólares sólo si colaborábamos con ellos guardándoles mercancía por las noches. Luego había sacado un expediente con las fotos de todos mis hermanos y hermanas y si algo le llegase a pasar a la carga, nosotros la llevábamos.

Ramón confiesa haber quedado atrapado, seducido en la inmersión en cuatro temas muy espinosos: la muerte de las mujeres en ciudad Juárez, el informante incómodo, la periodista asesinada y la guerra entre los cárteles del golfo, los zetas y los Sinaloa, lo cual lo hace estar muy presente en la agenda de los que deben rendir cuentas, básicamente por ser molestos: en cualquier momento – como ya ha ocurrido antes-, podrían consumarse su vida en algún atentado.

Hasta ahora ha tenido suerte. Un encuentro cercano con una pistola – en sus sienes-, le bajó al instinto del periodista curioso y aprendió a ser un poco más discreto para conservar la vida. Se calla un momento y anuncia otra confesión:

Al rato sale el dueño y nos dice que nos vallamos, porque algo raro estaba pasando. Mientras mi amigo y yo debatíamos si nos íbamos o no, llega el mesero con un tequila. Oiga usted se ha equivocado yo ya me voy, le dije, pero el mesero me indico que no, que era de parte del señor de atrás. Se acerca, me coge del hombro y me dice apuntándome en la sien: Ramón gracias por traer a tus amigos, aquí son bienvenidos. Aunque a veces los periodistas exageran, son bienvenidos cuando no hacen preguntas. Hay algo que hacemos a los que hacen demasiadas; los torturamos, a veces les damos un balazo en la cabeza o con un cuchillo les quitamos cada dedo, los oídos, los hacemos pedazos y mandamos el video a su familia con una corona, por el pésame. ¿Nos entendemos? Si, le contesté.

Ramón Hurtado ha perdido a varios colegas. Los casos que terminan un poco más lejos son estruendos en los diarios locales e instituciones como El comité de defensa del periodista (CPJ) e Impunidad, un espacio virtual de denuncia y promoción de la libertad de prensa en la web.

Para hacernos aterrizar en la frontera, él da algunas cifras: resulta que en los últimos años del presidente Fox, murieron cerca de 16 periodistas, pero en dos décadas de cobertura los caídos suman más de 120. Entre estos nombres, la prensa mexicana le rinde culto al inquebrantable accionar de Guadalupe, una conductora de radio y Ortiz Franco, investigador.


III
Guadalupe

Ramón cuenta que le fue asignado el caso de Guadalupe, la carismática y exhaustiva periodista y locutora de radio en Laredo, que fue baleada el cinco de marzo del 2004 y caería muerta después de una semana y media en recuperación. Según cimanoticias.com, cuatro de los nueve balazos que alcanzaron su cuerpo fueron letales, impactando justo en el pecho, el hígado y los intestinos.
Lo que Ramón descubrió fue de alto calibre. Ahora habla de ella en un tono iconoclasta: Guadalupe andaba muy metida y sabía más que la policía en casos de narcotráfico. La mataron en marzo del 2004 y se hizo hasta un monumento para lupita. Me pongo a investigar eso y descubro que ella era una vocera de los narcos para la prensa: ordenaba en la tarde qué se publicaba y qué no, amenazaba si no le hacían caso.

El oficio no es para cínicos según, Rysard Kapucinsky, pero es sobre todo hecho para los pacientes y los que saben elegir el momento para liberar su lado más animal del instinto periodístico-noticioso de la sospecha, o someterse y seguir la fluctuación del camino, para conservar su vida. Ramón Hurtado lo ha confirmado, desde sus primeras comisiones en El Paso.

En mi primer día de trabajo en El Paso, Texas me asignan un reportaje: tenía que acompañar a un periodista y asistirlo. Me da un teléfono: esta es tu tarea -me dice-, yo voy a comer al frente tuyo, si alguien me llama me avisas. Estuve esperando por cuatro horas y luego nos fuimos. De regreso en la frontera le pregunto con quién habló, de qué se trataba todo eso. Él me contesta que la primera lección para mí, que recién empezaba a cubrir el narcotráfico es no hacer muchas preguntas, porque las respuestas te pueden llevar a la muerte.

IV
Ortiz.

La historia de un valentón muy hábil cabe precisa aquí. A Ortiz Franco las respuestas, los contactos y el descuido le dieron sepultura en Tijuana, donde era co editor y reportero de un importante semanario -Zeta-, que sostenía un seguimiento implacable a la familia de los Arellano Félix el cártel de la droga más influyente en el momento. Ortiz, fue el primer romántico meticuloso que llevó la misión de informar al extremo y su inmersión fue tan onda, obsesiva e impertinente, que resulto baleado el 22 de junio del 2005 a plena luz del día, en un tranquilo vecindario cerca del centro de Tijuana, a dos cuadras de la sede de la policía estatal. Si bien no publicó mucho, se hizo de una considerable baraja de fuentes y descubrió a narcos haciéndose pasar por efectivos de la policía estatal, con el uniforme e identificaciones falsas. Ese fue el único artículo que firmó, publicado en el semanario con todo y las fotografías de los infiltrados, detallito que quizá lo haya llevado a la tumba.

Según el artículo publicado por el CPJ, la tensión le había ocasionado una parálisis parcial de la cara y tuvo que dejar la redacción por un par de semanas, las que también dio libre a su guardia personal. La rutina de todos los días era asistir a la clínica y regresar a la casa por las mañanas. Pero el 22 de junio fue acompañado por sus hijos de 9 y 11 años. Antes de encender el carro para regresar a la casa, una camioneta negra se detiene al lado y un hombre encapuchado atina cuatro disparos al cuerpo de Ortiz: impactos en el pecho y la cabeza, que según aclara el artículo en mención, le causaron la muerte al instante.

Después del ataque, llegó a cubrir la nota el reportero, Lauro Ortiz Aguilera, quien veía cómo su medio hermano era revisado por los forenses.



IV
Investigación retardada.


Ramón responde a una de las últimas preguntas, antes de cerrar el día e ir por unas copas:

Es una tierra gris, donde nadie tiene control. La peor pesadilla de la sociedad Americana está en la frontera. El narcotráfico ha penetrado en la cultura, la guerra de los cárteles siembra mucha preocupación y miedo en los pobladores, les resta posibilidades y turismo. Es además un tema muy riesgoso para el periodista.

Es aplaudido y con sus palabras se cierra la sesión del seminario. Pero algo tanto o más peligroso que el narcotráfico es que la lucha contra éste, se vea en ralenti por el resto de Instituciones del estado: todas corruptas y manipuladas. Lo cierto es que los demás procesos permanecen congelados a ritmo lento, pues el narcotráfico ha corrompido a policías locales, estatales y federales; a alcaldes, jueces, maestros y sacerdotes, incluso a conductores de taxis y a empleados de hoteles. La mayoría de los casos ocurridos en la frontera norte con estados unidos –Tijuana-, siguen impunes

Si alguien raro se gana el derecho a ser silenciado, esforzándose en el ejercicio de la denuncia, todo el sistema conspirará en su contra.
(Alberto Schroth, 2006)

Entrevista a Pilar Nuñez




Pilar Núñez entre las tablas:

“Me gusta convivir con mi propia locura”




La actriz ha montado un escenario con dos tasas de té y cinco décadas de vida. Desde la niña hasta la mujer del teatro, madre y maestra, Ella nos habla del inicio, sus primeras trabas y los delirios mayores de la lucha por sobrevivir, tras doce años de bohemia.
.
Para Pilar, el teatro ha sido su forma de vida y la locura de la actuación estuvo muy clara desde los 15 años, pero el tiempo y el no poder asistir a su hijo a puertas de la muerte, le enseñaron que el actor no puede considerarse el centro del mundo y que las leyes del teatro no son suficientes




¿Cómo o cuándo llego el bichito de la actuación para ti?

La actuación no llego a mí por el teatro sino por el cine: vi una película de Lautrec que quedé fascinada con la puesta, el vestuario y los actores. Empezamos a teatralizar la película con mis amigos de colegio, yo los dirigía y también actuaba con ellos. Hasta hacíamos ejercicios de calentamiento: cerraba mis ojos, hacia movimientos circulares con mis brazos e imaginaba cosas…y sentía. Mi hermana que estaba en la católica me vio y me dijo que yo estaba haciendo teatro y que sería actriz.

Cuál fue, digamos, tu primer contacto…

Fuimos al teatro con ella, me lo había prometido. Yo era chica aún, pero recuerdo que cuando llegamos a la sala, sentía que había regresado en el tiempo al lugar donde pertenecía, como si ya hubiese estado ahí. De pronto sucedió: las luces se fueron y una música presentó al único objeto en escena: una máscara que comenzó a moverse. Ella volteo a mirarme y estiraba sus brazos. Me dije que eso era para mi y que yo sería actriz.

¿Tuviste algunas trabas en casa o algo que te impulsara muchísimo para alcanzar a la actriz?

Mi mamá fue Bernarda Alba con nosotras. Eso hizo que yo creciera queriendo ser lo opuesto a ella y cuando descubrí la actuación, automáticamente la actriz se convirtió en el opuesto perfecto.



Ahí tenías un motivo muy intenso.

Además, yo terminé el colegio muy joven, a los 15 e ingrese a la católica. Pero el examen para la escuela de teatro fue otra historia. Se estilaba tener un padrino que te apoyara, pero yo no lo tuve: Éramos yo y mi voz menuda en la prueba. Me mandaron a recitar un verso de Calderón de la Barca, que no conocía ni comprendía, pero era un reclamo a los pobladores por no haber hecho nada por la violación de una niña. Cuando presente mi propuesta al jurado, no escucharon mi grito ahogado y no ingrese.



Fue una gran traba.

Me frustré mucho. A mi me gustaba escribir y había ganado varios premios en el colegio, me metí a literatura hasta la prueba de admisión para el teatro. Para entonces, yo era más fuerte. Me dieron el mismo texto y me aprobaron al toque. Creo que influyo mucho el subtexto: yo era la victima de esos violadores del jurado que no habían reconocido nada en mí y además, la actriz que no quería ser igual que su mamá peso mucho.



Existe un mito sobre los actores que los retrata como filósofos solitarios de la vida, desde el lado romántico, bohemio ¿Cómo sobrellevaste esos episodios?


Tuve que probar todo ese mundo de la bruma: 12 años de investigación en mi carrera, para alcanzar una etapa más humana conmigo misma. Pero después de ese tiempo, decido ser madre, consigo a Paz -mi hijo mayor- y me voy a Paris. Es ahí dónde empieza un trabajo del detalle: ahora la relación con cada persona es de doble alimentación. Antes sólo las conocía, observaba y apuntaba sus detalles – ellas los míos-, pero sólo éramos carreteras paralelas.


Desde ahí te trenzaste más con los que conocías y trabajan contigo.

Ya en París, en espera de Paz, es cuando comienzo realmente a trabajar con mis músicos y con el conocimiento que ya tenia de la adicción, los ayudo en su proceso. Es toda una nueva lucha por salir adelante y sobre todo ahora, que probaba la pobreza – el lado artístico que me faltaba- y necesitaba tanta garra. Porque ahí necesitas tenerla: con cuatro fotos, nada de recursos y una linda sonrisa, organice toda una gira hasta Hungría.



Luego de la gira es que decides tu regreso.

Si, ya estaba al borde de mis fuerzas. La organice enterita y después decido regresar. Tenía alumnos y gente con la que estaba actuando, pero estaba sola y ahí nadie te cuida gratis a un niño. Además sentía que el francés era muy despreciativo: no había muchos niños (Paz era el engreído) y yo necesitaba recuperar la calidez de mi hogar.




Aquí ya habías ganado un nombre antes de irte, como cantante y actriz.

Así es. Pero en Lima todo resultó en un dramón. Llegué buscando afecto, pero en mi familia tenían las sospechas de que Paz era hijo de tal y tal, pero no lo era. Felizmente sabía enfrentarme a la pobreza y estaba acostumbrada al trabajo porque salí de mi casa a los 19.



Escapabas de una guerra para entrar en otra junto con Paz ¿Saliste otra vez a la calle?

Pero con él: lo llevaba conmigo y me parecía lo más natural que siendo hijo de actriz, gateara y aprendiera a vivir mientras yo aprendía de él: lo copiaba mientras hacia sus cosas y los actores mayores se quejaban. Entonces sobrevino otro drama: el teatro me separa del hijo que había luchado por tener. Tuve que dejarlo en una guardería hasta las cinco.





Y ese cambio lo trastoca un poco


Saco a flote su perfil: Recogerlo era sufrir su venganza. Desde los dos años tuvo problemas de violencia e hiperactividad. A los cuatro entra en tratamiento hasta los 14 y ahí cae en la adicción hasta los 18. Fue muy duro para ambos: él era un niño muy especial y yo estaba prácticamente sola. Recién cuando sale de la adicción, reconocí que su madera era buena. Hemos conversado un poco y el tiene ciertos reclamos.



¿Cómo cuales?

Yo de chica prefería que me dejara libre y me he dado todos mis coscorrones fuera, ni saben ellos. El, por otro lado, quería que estuviera detrás, deseaba más presión y compañía. El teatro ha sido mi forma de vida y se ha ido enriqueciendo con esas crisis y golpes de madre. Es necesario que uno llegue a esos confines y conozca bien esos dolores, porque después de eso ya es un recurso: pueden achichárrame y no podré sentir un dolor más hondo.


Otro tema-mito es la religión en el teatro. ¿Cómo descubres o construyes su religiosidad?

Desde que era una niña, siempre me decían que yo era una “niña vieja”. Era como una filosofa que en todas sus situaciones límite se preguntaba: dónde estaría Dios o quién era.
Luego cuando empiezas a actuar te sientes como un hacedor que tiene sus hilos. De pronto comienzo a pagar las consecuencias de toda una vida: Paz casi pierde la vida y no podía salvarlo ni decidir sobre su voluntad. Ya no podía confrontarme con las reglas del teatro y comencé a estudiar la Biblia.

Moralmente había algo que no estaba lleno.

Así es, no estaba lleno para nada. Yo renací y dije que no lo dejaría morir. Me di cuenta que había hecho lo que me daba la gana y me toco pagar la causalidad. Ahí sentí realmente que había buscado toda mi vida un algo trascendente, un diálogo con una presencia, una compañía a la cual te entregas poco a poco, hasta que se hace hábito conversar con él.



Esta entrega a la religión es lo que calma este tercer conflicto.

Las cosas siempre están decidiendo en esta trama de la vida, su lugar en la lucha. Como en el teatro: de quién eres, de qué fuerza o parte antagónica eres. Cuando te entristeces mucho, de tal forma que no hay retroceso y sólo quieres morir, estas atentando contra la fuerza de la vida y estas en el lado del mal. Tu lucha está en tu propio cuerpo. La religión que me enseñaron deja de serlo cuando llega a la carne, ahí entra la confianza de estar hablando con un amigo, un maestro.




En tus talleres, en lo que llamas “laboratorio” tu das mucho énfasis a la búsqueda personal y el encuentro con un maestro espiritual.

Desde el inicio hay que sentirse parte de un universo, ser más sencillos, poder compartir, entregarse. Si no tienes otras normas aparte del teatro, te pierdes. La lógica de tener un padre espiritual, es justamente para eso: situarse en una organización y darse cuenta que todo tiene una estructura y nada está flotante.



También orientaste el trabajo en el Larco Herrera, hacia la exploración de la locura, el rescate y la esperanza.

Me gusta convivir con mi propia locura y no me asusto de la locura de otros. Veía a los adictos muy cercanos a mi (mi hijo también estaba ahí dentro). El trabajo ahí fue hacerlas de intérprete de ellos ante el mundo, empezando por sus familiares. Cuando hablaba con los adictos les hacia entender el lenguaje de locura y con el rigor del trabajo físico, que para encontrarla son necesarias reglas (en el teatro) que te llevan peldaño a peldaño, a tocar el cielo. Pero no de un sólo tiro: es una chamba y les hacia ver que a ellos no les gustaba la chamba.




Un gran problema, sino podrían quedarse estancados.

Claro. Delante de los familiares les hice notar que ese lado loco era un lado que podía salvarlos, porque eran muy apasionados en sus presentaciones, tenían ideas y eran muy expresivos en sus miedos. Suplieron plasmar todo eso en un espectáculo y todos se quedaron boquiabiertos porque éramos artistotas. Eso les dio una esperanza muy grande y descubrieron que era posible ordenar su locura si construían y chambeaban.




¿El proyecto sigue en pié?

Lo aplique en mi hijo y luego con otras adicciones. Mi esposo ya me decía que sacaría otro título de terapeuta. Tenemos un acuerdo con un grupo belga para documentar este proyecto.



Es difícil vivir sin adicciones.

Hay algo que te atrae y atrapa. En la dirección de actores tienes que conocer mucho ese aspecto. Por ahora estoy trabajando en eso y en algunos personajes y proyectos creativos que me quitan el sueño.

¿Cuál es el que te ha capturado y se ha hecho una adicción trabajar en él?


Estoy muy pendiente de uno, porque es algo nuevo: una pareja de franceses nos pedió a Jaime Lema y a mí que teatralizamos algunas partes de su libro para diciembre. Se llama “Pasaje de ida al paraíso” y es una pieza interesante. Andamos preparando vestuario e investigando Esto me ha tomado mucho tiempo porque el personaje no esta acabado, se nota que es de un escritor nuevo, sin muchas capas trabajadas y he tenido que completarlo investigando con otras fuentes. Uno nunca termina un personaje.



(Alberto Schroth, octubre 2006)

Friday, December 15, 2006

Ritual




Escucha
Ellas cantarán para ti
Pronto la pesadilla ha de tocarte.

Thursday, December 14, 2006

Los niños y el libro de hechizos











Reseña a la novela "El Goce de la piel" ( O.R)




El goce de la piel.
Reynoso, Oswaldo
Editorial San Marcos, Lima-Perú 2005


Obsesión por la piel.



El cuerpo se erige como el último vestigio de divinidad humana: admirarlo y descubrirlo fue siempre un ritual de culto y respiración. Nuestros primeros días de golpeteos y fascinación encontraron a los dedos como herramientas maravillosas para sentir y explorar. En la pubertad, esos mismos seguirán tocándolo todo y conocerán el hedor y el placer, llevarán la libido en sus yemas y esculpirán con ella una nueva piel, una crisálida para el semi-niño.

Justo en ese momento encontramos al cuentista y maestro Oswaldo Reynoso; el escritor de la collera, los príncipes orientales y el luto de octubre, como un confeso admirador de la belleza del cuerpo. Sus trabajos experimentando con la novela corta, En búsqueda de Aladino (1995) y El goce de la piel (2005) recrean este episodio de descubrimiento y conflicto. En el primero se narra la búsqueda de la ansiada y distante imagen juvenil del cuerpo, a través de un recorrido por la India, sus plazas y desiertos.

En El goce de la piel, profundiza en esta cruzada por lo bello: parte de una incursión retrospectiva a sus días de adolescente, cuyo fin es conciliar el suceso que lo iniciaría en las artes de la contemplación y el roce, para luego seguir sus manifestaciones a través de distintas etapas y cuerpos (púber, estudiante universitario, profesor y anciano).

Un soliloquio de puntuación ausente abre el relato. Una confesión manifiesta en un grito de placer prolongado, que evoca voces y momentos de aquel deslumbramiento inicial:


Malte inundó dulcemente mi cuerpo y esa placentera sensación fue más honda que la que sentía después de comulgar en pleno recogimiento (“El goce de la piel”, página 19)


Un narrador sosegado ahondará en esta figura de lo bello al contraste, entonces encontramos a Malte, celebración fáustica de la piel, en tiempos, condiciones y estéticas distintas -sin perder la postura de un efebo- retratando de manera simbólica al acto inefable y continuo de contemplación, mientras uno se añeja:


Me quité la ropa y por primera vez contemplé mi cuerpo. Y era hermoso. Desperté a mis amigos y con Malte a la cabeza corrimos desnudos y esbeltos al encuentro de las olas y al sentir el goce aterciopelado del mar en toda mi piel y al aspirar su aroma de lujuria nocturnal me enfrenté a la ola más grande gritando: Dios no existe. (“El goce de la piel”, página 27)



Uno de los méritos de Reynoso – junto con Eduardo Eielson- es la reinvidicación del culto a la piel desde lo cotidiano y lúdico-absurdo, hasta su reflexión viseral. Montando así, sobre el viejo estereotipo que encuadra a la temática como superficial o muy trillada, la idea de que nada más profundo podría pensarse.

Según el mismo Oswaldo, el estilo es algo que uno cultiva toda la vida. En su lírica prosa – producto de décadas en los oficios del paseante, el mirón y el escritor-, los motivos populares y la poesía han llegado a una simbiosis perfecta, que hacen de El goce de la piel, además de una buena propuesta de re-creación de lo mundano-popular en la literatura peruana, una novela corta pensada y escrita como una decantación de pasiones.





(Alberto Schroth)

...Lesbos segundo: la noche.


Sobre la faz del reloj saturada en grises , un aviso:
Sus brazos cargan la luna en cuartos y han decido
sostener la media noche por siempre.
La búsqueda empieza ahi, desde la sombra
sobre sus pestañas hacen retratos de papel y tinta histérica:
Líneas de mar alcanzan sus dedos y pies
pronto se trenzarán en sueño,
el amor hará de ellas pájaros relámpago.

catarsis de lesbos



( Lesbos es la tierra de la perfección estética y el culto a la piel.
Nace con el rumor de una mujer sin nombre y sólo puede ser vista desde su espalda desnuda)


El retrato es para la poeta que pelea siempre a la contra:


Anillos verdes y pardos
escriben nombres de fantasia.
A solas, las hijas de safo componen
para sus amores oscuros.